CONTROL DE ESFÍNTERES: UNA CUESTIÓN MADURATIVA

Por Nuria Otero Tomera

Vamos a hablar de control de esfínteres. No de retirada de pañal. El pañal no deberíamos retirarlo si antes no existe control de esfínteres… y sin embargo, solemos hacerlo al revés, como si creyésemos que quitando el soporte se logra antes la maduración de una función corporal. Vamos a verlo más claro en un ejemplo de otra función madurativa:

Un bebé de 13 meses que va en brazos de su madre, en su bandolera o en su carro… es igual dónde. No sabe andar, pero todas hemos escuchado que “aproximadamente entre los 12 y los 15 meses los niños empiezan a andar”. Bien, pues al bebé de nuestro ejemplo, como no da señales de aprender por sí mismo le vamos a dejar en el suelo y a partir de ahora no le vamos a coger, ni llevar de un lado a otro… así aprende a andar. ¿Absurdo? Pues es lo que hacemos cuando le quitamos el pañal a un niño… intentar que aprenda a andar a base de sacarle el soporte con el que lo acompañamos de un lado a otro.

Y precisamente como se trata de un proceso madurativo, no sólo no podemos hacer mucho por acelerarlo sino que además debemos admitir que es difícil que ocurra de un día para el otro. Aunque sí hay niños que un día deciden dejar el pañal y realmente nunca tienen un escape, lo habitual es que el control de esfínteres sea un complejo proceso de “ensayo y error”. Igual que sucede con otro proceso madurativo: el habla. Aunque los niños empiezan a comunicarse pronto, nadie pretende que un buen día, cuando empiezan a hablar, lo hagan con la corrección de un adulto tanto fonética como gramaticalmente, permitimos que tengan “lengua de trapo”, incluso nos hace gracia, y hasta hay quien les imita y se comunica con ellos en un lenguaje similar al suyo (mira, hijo, un “babau”, aquí viene la “lela” y cosas por el estilo). Sin embargo, en cuanto al control de la orina y las heces, no admitimos un solo “fallo”. No se trata de ponernos a hacer pis en los pantalones igual que ellos para acompañarlos, sino aceptar que, de manera natural, están aprendiendo (en gerundio), es decir, lo van haciendo poco a poco y no en el momento en que nosotros decidimos que hay que retirar el pañal.

Prueba de que se va produciendo poco a poco es que muchos niños (no voy a decir todos porque a algunos no les pasa, pero sí a la mayoría), aunque normalmente no tengan escapes, aunque siempre pidan pis y caca, tanto de día como de noche, de repente un día, se les olvida y tienen un escape, o se ponen nerviosos y tienen un escape, o les da la risa, o se meten tanto en una actividad que se les olvida… ¿a vosotros os pasa? ¿Nunca? ¿Ni cuando os reís mucho? Pues será porque en vosotros sí está adquirida la función, el proceso ha madurado completamente… pero en los niños no, va sucediendo poco a poco, y estos escapes son cada vez menos frecuentes hasta que, finalmente, alrededor de los 6 años, dejan, sencillamente, de ocurrir.

Desde este supuesto, es decir, si consideramos el control de esfínteres como un proceso madurativo, no nos puede extrañar ni molestar que nuestro hijo, un día, vuelva a pedir o a necesitar los pañales. Puede que durante unas semanas haya ido al baño o utilizado el orinal sin problemas, pero por la causa que sea de repente puede volver a haber escapes importantes, y nuestro hijo puede pedir el pañal porque no se siente a gusto mojado, o bien podemos sugerir nosotros la posibilidad de volver a usarlo. No es un retroceso, es un estadio normal del desarrollo, que dará a nuestro hijo más confianza, tanto en sí mismo como en nosotros. En sí mismo, porque será capaz de tener controlado un aspecto que suele plantearse como problemático en muchas situaciones… en nosotros, porque verá que le aceptamos sea lo que sea que decida hacer con su cuerpo y sus funciones.

INCONVENIENTES DE RETIRAR EL PAÑAL ANTES DE QUE EL CONTROL ESTÉ INSTAURADO

Pérdida de confianza del niño en sí mismo: Si le decimos que a partir de un momento es mayor para controlar esfínteres, y decidimos unilateralmente retirar el pañal, le estamos comunicando a nuestro hijo que, tal como hace las cosas, ya no es correcto hacerlas, y si tomamos una decisión que le afecta de una manera tan absoluta, debe ser por algo que está haciendo mal, o al menos, de un modo que a nosotros no nos complace. Eso mina la seguridad que el niño tiene en sí mismo, pero a la vez, la confianza inmensa que tiene en nosotros, la confianza de que le amamos tal cual es, con sus medias palabras, con sus saltos torpes y con sus pañales.

Logística de limpieza y cambio de ropa: Quizás suene absurdo, pero retirar el pañal antes de tiempo, requiere un fondo de armario considerable, además de salir de casa con mudas de todos los accesorios de cintura para abajo. Además, requiere una fregona a mano y lista en todo momento y montoncitos de ropa mojada por toda la casa… ¿de verdad creéis que nuestros hijos se sienten a gusto?

El idioma pis: Retirar el pañal supone establecer lo que Laura Gutman llama el “idioma pis”… desde que nos preparamos para salir empezamos a preguntar obsesivamente: “¿quieres hacer pis?, ¿has hecho pis?, ¿de verdad que no? ¿Y caca, este niño ha hecho hoy caca?” y luego, cada diez minutos, estemos donde estemos, delante de quien estemos, lo preguntamos sin descanso, incluso nos atrevemos a llevar a nuestros hijos contra su voluntad al servicio de diversos bares y restaurantes “a ver si sale”.

PAÑAL NOCTURNO

Parece que existe unanimidad en el hecho de que una vez retirado el pañal diurno, el pañal nocturno debe ir detrás en pocos días. Ni sí ni no… dependerá, como con el pañal diurno, de vuestro hijo, de si amanece o no con el pañal mojado y, por supuesto, de si quiere hacerlo. No pasa nada porque un niño se pase meses, o incluso años, usando pañal nocturno aunque haya dejado ya el diurno… es un control más difícil sencillamente porque el niño está completamente relajado, no está pendiente de sus posibles escapes, y como está aprendiendo, simplemente sucede.

¿POR QUÉ NOS EMPEÑAMOS EN ADELANTAR EL PROCESO?

No tengo ni idea de por qué lo hacían en otras épocas, pero hoy en día, la “culpa” de todo esto la tiene, principalmente, el cole. Si los niños van a la guardería, en muchas de ellas, el último año ya se organizan rondas de orinal para que se vayan acostumbrando… y si no van a la guardería, sus madres nos cuidamos mucho de, a partir de la última primavera previa al cole, ir retirando el pañal. Sencillamente porque, en la grandísima mayoría de los coles españoles, un niño con pañal no es admitido y, en el mejor de los casos, será admitido sin pañal pero sus padres tendrán que ir a cambiarlo cada vez que haya un “accidente”. Y muchas familias, simplemente no pueden permitirse dejar el trabajo, que puede no quedar en la misma ciudad, e ir al colegio una o dos veces por mañana, ni siquiera aunque esto no ocurra todos los días. Si la educación infantil comenzase a los 4 años muchas familias se quitarían de encima el problema del control de esfínteres… sucedería por sí solo en la gran mayoría de los casos en algún momento antes de la entrada en el cole.

Y otro de los motivos que existen para este empeño en “hacer algo” en vez de esperar que la naturaleza siga su curso la tiene la cultura de la competitividad y la eficiencia, el rollo mi hijo ya hace tal o cual, que no se diga que mi hijo se queda retrasado, pues el niño de fulanita ya no lleva pañal, la tremenda presión social que representa el que TODOS se quiten el pañal, el presumir del hijo más listo y más independiente.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AYUDAR A NUESTROS HIJOS CON EL CONTROL DE ESFÍNTERES?

Llegados a este punto, sí hay una cosa que podemos hacer: respetarles en el ritmo y en la manera que el proceso se dé en nuestros hijos. Aceptarles tal como son, con pañal o sin él, mojados o secos, sin valorar ni juzgar si es tarde, pronto, oportuno o no quitarse o ponerse el pañal… sea lo que sea lo que nuestro hijo decida.

Sin embargo, si pese a todo lo dicho, existe alguna exigencia real que no podemos “saltarnos”, si en el cole no admiten a nuestro hijo con pañal y tiene que ir sí o sí porque nosotros trabajamos, y tampoco lo admiten con pérdidas ni nosotros queremos o podemos trasladarnos al cole a diario para cambiarlo y nadie va a hacerlo por nosotros, sólo os puedo dar una indicación: flexibilidad. Si vamos a retirar el pañal en algún momento y nuestro hijo no lo ha pedido, que haya tiempo suficiente para poder volver atrás todas las veces que lo creamos necesario, podemos tener varios orinales repartidos por la casa para no tener que salir corriendo al baño, podemos sacar el pañal unos días sí y otros no, a unas horas sí y a otras no, y éstas no tienen que ser siempre las mismas, se puede sacar el pañal en casa pero ponerlo al salir de casa, que es más engorroso para todos, y si vemos que es demasiado… dejarlo unos días o unas semanas y volver a intentarlo un poco después. Y siempre, aceptar que puede pasar tiempo hasta que se produzca el control, y por ello, seguir respetando lo que vaya sucediendo y los sentimientos que en nuestro vayan surgiendo.

Historia de Marta

“Llegó el verano del 2005… La espada de Damocles pendía implacable sobre Hadrián, que cumplía tres añitos en Agosto. Durante todo el curso, en las reuniones de padres en la escuela infantil se había insistido, había que quitarles el pañal ese año. Las tutoras de la guardería irían organizándolos, con ayuda de los padres, en pequeños grupos, según fuesen viendo el grado de maduración, el grado de interés por el asunto, y, lo que era evidente, el grado de prisa/presión de los propios padres.

Por mi parte, me pasé el año en blanco, es decir, ni comenté el tema con la tutora, ni le ví el más mínimo interés en ir al baño por sí solo.

Así las cosas, con el verano, y aumentado el asunto con la presión familiar, y la inminente incorporación al cole de mayores, dónde no les dejarían ir sino controlaban esfínteres, me ví avocada a ser radical. Aquellos negros años en los que aún no me ponía lo suficiente al lado de mis peques…

Un Lunes, la propia tutora me abordó… es que Hadrián es el último que queda de su clase, con pañal. Tenemos que ponernos a ello ya. Bueno, si tu lo dicesssss…
Mudas de sobra, y ninguna señal de cambio. Invariablemente todos los días, se meaba y se cagaba por encima sin complejos. Evidentemente, no era su momento.
Empezó el estress exterior, los dramas en la familia si mojaba el pantalón, los aspavientos paternos si se manchaba de caca, en una palabra, la tensión.
Yo intentaba que se esforzasen en lo contrario, en animarle cada vez, que por casualidad y machaconería, le salía un pis o una caca en el váter. Pero el entorno no ayudaba nada en este aspecto.

Sinceramente, no puedo pensar en nada más desesperante que el intento de que orines y defeques “por hábito impuesto por los otros” a unas determinadas horas, y a Hadri se lo hacían… en fín.

Hay que reconocer que al final del verano, no sé si por aburrimiento del tema o por propia voluntad, mejoró ostensiblemente. Pero toda esta mejora, se vino abajo con la tremenda crisis de su adaptación al cole de mayores. Si quería que nos diésemos cuenta que estaba desesperado, no podía expresarlo mejor. Se meaba y se cagaba por encima a todas horas.

Hadri ahora tiene 5 años, y no puedo decir que controle esfínteres al cien por cien, es más, en cuánto hay una situación de estress, es el primer síntoma, se mea por encima. Afortunadamente, la caca, sí la controla, a menos que esté malito de la tripa. Y por las noches, sigue pidiendo el pañal (esto sí se lo concedimos, evidente, no afecta a sus “relaciones sociales” sino estrictamente al ámbito doméstico).

Con la lección bien aprendida, nuestra segunda hija, en idéntica aula e idéntica escuela infantil, llegó al siguiente año. Yo ya era madre radical de mis hijos. Si tiene que ir con braga-pañal al cole de mayores, y tengo que dejar la oficina día sí y día también para ir a buscarla porque se mee o se cague… lo haré…

Afortunadamente, no hizo falta. Antes del verano, ella misma, supongo que por ver a otros niños, llegó un día a casa, y me dijo directamente, mamá, no quiero más pañal. Así se hizo, y desde ese día nunca volvió a mearse. La caca le costó un poco más, pero lo llevó estupendamente. Si se cagaba, venía, decía mamá me hice caca, ¿me limpias?, mañana ya no se me escapará, y tan ancha.

Lidia tiene ahora 4 años y controla esfínteres al 100%, incluso de noche.

Vistos estos dos ejemplos, y sabiendo que cada niño es distinto y tiene un proceso madurativo distinto, yo no tengo dudas de ningún tipo. Siempre el respeto a sus ritmos, y cuándo ellos quieran. Convencionalismos sociales y ritmos impuestos adultos, ¡¡fuera!!”

Historia de Pilar

“Debo reconoceros que el tema me traía de cabeza pese a todo lo que había aprendido y escuchado o leído tantas veces. Manuel a sus tres años y medio, largos, no presentaba el más mínimo síntoma de estar preparado, es más, se negaba rotundamente a andar sin pañal y a acercarse al inodoro o al orinal.

Mil veces me he cuestionado si no estaría metiendo la pata, si en mi creencia de que llegaría de forma natural, no habría dejado pasar el momento debido y había condenado a mi peque a un problema de difícil solución. A finales de Julio una tarde se me ocurrió dejarle sin pañal y todo lo que conseguí fue dos mudas de ropa mojada en la lavadora en menos de hora y media.

Aparte del miedo de haberme despistado, sentía su incorporación al cole como una losa, casi no he podido preocuparme de si lo llevará bien o mal porque todo hacía pensar que habría que retrasar su ingreso por el nulo control con el que llegaría a esas fechas.

Ahora puedo confirmaros que es lo que es, lo que siempre decimos, que llega y llega solo, sin intervención. Que cada niño es un mundo (Miguel Ángel empezó a pedirlo con dos años y poco y Manuel ha esperado hasta los 3 y mucho), pero que llega.

Creo que algo que sí entorpece la percepción que ellos mismos necesitan tener de su cuerpo para controlarlo y realizar su propio aprendizaje, es el pañal. Sí que conviene aprovechar todos los momentos posibles para mantenerlos desnudos, que puedan ser conscientes de que eso que les ponemos desde que nacen, esos incómodos paquetones absorbetodo, no forma parte de ellos. Lo demás, os lo prometo, es como un milagro, ocurre de un momento a otro y no hay más, no hay escapes, no hay que ponerles cada x tiempo, no hay que insistir… ¡de una sola vez!. Puedo decirlo porque ya van dos veces que lo vivo y porque esta vez, pese a las muchas dudas que he llegado a albergar, ha vuelto a ocurrir, ¡ni moja los pañales de la noche!”

Exposición Oral. Mesa redonda organizada por la Asociación Criar con el Corazón en Pinto (Madrid). Diciembre de 2007.

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