Encender el piloto rojo

(…) ¿puede usted decir algo más acerca de sus opiniones sobre la naturaleza humana? (…)

En primer lugar, tenemos que recordar que es bastante reducido el tipo de cosas sobre las cuales puede arrojar luz cualquier ciencia: cuando uno empieza a pasar a los sistemas complejos, el conocimiento científico disminuye de forma muy rápida. Y cuando se considera la naturaleza del ser humano, las ciencias no tienen nada que decir. Son pocas las áreas en las cuales usted puede obtener una comprensión intelectiva considerable (…).

(…) para Descartes ése era el aspecto crucial de la mente humana. Y durante todo el periodo liberal clásico, Rousseau, Humboldt y otro pensadores intentaron vincular dichos elementos e identificar una especie de necesidad y derecho a la libertad, como se llamó en ocasiones un “instinto de libertad”, algo situado en el núcleo primitivo de la naturaleza humana: el pensamiento creativo libre y su expresión.

Ahora bien, eso es bastante metafórico. En mi opinión, nadie conoce realmente nada acerca de la naturaleza humana, por lo que sin duda no conocemos si existe o no un instinto de libertad. Esto es, si alguien pretende decir que los humanos han nacido para ser esclavos, podrá aportar la misma argumentación científica que Rousseau cuando afirmaba que el hombre ha nacido para ser libre. Uno pone ahí sus esperanzas, pero no existe ningún conocimiento científico.

Y lo mismo puede decirse en la actualidad. Pueden leer el libro que quieran sobre sociobiología [la teoría de que las conductas sociales específicas y no sólo las características físicas son el resultado de la evolución] y verá que en su mayoría son cuentos de hadas. Es decir, está muy bien cuando hablan de las hormigas; pero cuando se elevan al nivel de los mamíferos, no son más que conjeturas; y cuando se aplican a los humanos, es simplemente como decir lo primero que te viene a la mente. (…)

(…) en las ciencias de la conducta existe una idea, vinculada a la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget, de que la compasión humana es una cualidad aprendida [el psicólogo suizo Piaget creía que el desarrollo mental en el niño pasa por cuatro etapas determinadas genéticamente]. Algunos políticos han aprovechado esta idea para promover un mayor uso de la pena de muerte: o bien coges el barco o no, o aprendes la compasión humana o no. Así pues, si estos asesions no la han aprendido bien, es imposible enseñársela ahora. (…)

Este asunto no llega ni siquiera el nivel de la idiotez, literalmente. Es decir, si la gente desea tener una razón fraudulenta para defender la pena de muerte, bien, pero no existe una base científica. Cojamos a Piaget: su trabajo sobre Psicología del desarrollo fue interesante, realizó algunos experimentos interesantes y demás, pero luego todo el edificio se vino abajo y ya nadie cree una sola palabra de él. Resultó que todas las “etapas” del desarrollo son falsas: a medida que uno hace mejores experimentos, se puede demostrar que los bebés más pequeños pueden hacer las cosas que Piaget postulaba que no podían hacer en esa etapa. Es decir, fue una serie de ideas interesantes, no era una tontería, y se aprendió mucho del trabajo experimental. Pero ya no queda nada de aquel asunto. Nada.

Por lo que respecta al aprendizaje de la compasión, cualquiera de ustedes sabe lo mismo que el científico más avanzado. Y lo que saben lo saben por intuición y experiencia: han visto a niños, quizá han tenido niños, han jugado con ellos, ven como crecen. Eso lo sabe todo el mundo, nadie sabe más que eso. Y las ciencias no tienen nada más que decir, y además, no hay indicaciones de que nunca lo vayan a tener: simplemente la meta está demasiado lejos. Es decir, pueden ofrecerte alguna prueba estadística, quizá algún día alguien sea capaz de demostrar que este tipo de contexto produce más gente compasiva que otro, eso es totalmente posible. Pero eso no significa que nunca vaya a comprenderse el fondo del asunto.

Miren, a medida que progresa la ciencia, se producen intentos de sacar conclusiones políticas de ella, pero van a ser como éste de Piaget y la pena de muerte: es decir, la gente con un programa político siempre encontrará a un perfecto charlatán de las ciencias que les dirá: “Ésta es su base”, pero en lo que respecta al conocimiento científico real, estamos a muy remota distancia de rozar ninguna de esas cuestiones, más que remota. Es decir, no es que no se pueda investigar sobre ellas: pueden hacerse estudios descriptivos y puede practicarse la terapia, pueden intentar extenderse las ideas haciéndolas un poco más minuciosas y controladas, pero eso es todo.

En cierto modo, es como la psicoterapia: algunos dicen que sacan algún provecho de la psicoterapia, quizá sea así o no, pero si lo sacan, no es porque haya ninguna ciencia detrás: no existe ninguna ciencia detrás, como tampoco existe tras la curación por la fe. Sólo sucede que, de algún modo, diferentes tipos de interacciones humanas en ocasiones parecen funcionar.

(…)

O incluso consideren cuestiones estrictamente médicas. ¿Cómo saber qué tipo de fármacos hay que administrar a un paciente, por ejemplo para un problema cardíaco? No es porque se sepa científicamente, simplemente hacen estudios epidemiológicos con poblaciones controladas para ver si una población muestra que toma este fármaco y otra población muestra que toma otro tienen diferente esperanza de vida. Es decir, puedes llamar “ciencia” a eso si lo deseas, pero es el tipo de ciencia que puede hacer cualquiera que sepa contar, o que conozca algo sobre el estudio de muestras y cosas así. No es porque nadie comprenda la biología de estas cosas, en general, se comprende muy poco, si acaso algo.

Por lo tanto, creo que cuando se oye hablar a la gente de cosas como el “aprendizaje de la compasión”, etcétera, uno debería encender el piloto rojo.

Noam Chomsky en “Understanding Power”

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